Ciclo de la familia: ¡Ya se fueron nuestros hijos!

Una familia comienza a constituirse por la pareja sin hijos,  sin embargo, después de muchos años y de que los hijos crecen,  llega un momento en el que esto se vuelve a repetir pues ellos comienzan  a partir.  ¿Qué sucede con los padres frente a esta situación? Es necesario no caer en una generalización respecto a este u otros temas, pues habrá siempre distintas formas de afrontarlo, pero sin duda, para algunos aceptar el vacío que dejan los hijos en la familia de origen puede ser una tarea complicada, especialmente, para quienes habían centrado su vida y progreso en sus hijos y en el desarrollo de los mismos.

Popularmente se le denomina a esto Síndrome del nido vacío, y tiene lugar a partir de que justamente los hijos comienzan  a irse de casa, ya sea porque buscan independizarse y vivir solos o vivir en pareja y casarse. Sin duda, esta es una transición muy importante para los padres, pues se conjunta con la aceptación de la jubilación o el retiro laboral, mismo que puede ser complicado para quienes habían centrado gran parte de su vida en el trabajo. Estos cambios y transiciones familiares pueden unir a la pareja para generar nuevos compromisos y regenerar su visión como pareja o bien, puede generar separación y distanciamiento pues comienzan a caer en cuenta que era a partir de los hijos por los cuales habían generado un vínculo afectivo aparentemente duradero y no se dieron a  la tarea de desarrollar como pareja áreas o intereses en común, que no fueran las del cuidado de sus hijos. Estos motivos son los que llevan a muchos padres a vivir esta etapa con sentimientos de tristeza, melancolía, frustración  y un decaimiento tanto físico como psíquico.

Sin embargo, ahora que sus hijos se han ido, es justamente cuando pueden tomar esta etapa como una oportunidad para seguir creciendo como pareja, por ello será  necesario comenzar a connotarlo de manera positiva. En pareja pueden comenzar a hacerlo principalmente generando una comunicación más estrecha que les permita manifestar sus dolores, temores, y tristezas. También, será prudente que potencien su convivencia como pareja, generando esos intereses que juntos habían dejado de lado.

Si este proceso se torna aún más complejo para alguno de los padres en particular, manifestándose con aislamiento, irritabilidad, tristeza profunda y escasas motivaciones será necesario que acuda a un proceso terapéutico a partir del cual, la persona podrá empezar a vivir esta etapa con gozo y como un premio por el esfuerzo realizado en su labor como padre o madre.

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